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Un Medio Ambiente sin Confinar

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    OPINIÓN

    Por Jesús Antonio Rodríguez Morilla

 

 

 

  • Sumisión al 7.5% IPC subyacente, en espera de alimentación

Son noticias que ya habrán llegado a sus oídos, pero toca en la presente Columna aproximarnos a su análisis.

El “subyacente”, que excluye energía y alimentación desciende 0,1% con respecto al 7.6% del mes de febrero, que sigue sonando como aparente inmovilización del sistema productivo.

Lo más llamativo resulta ser el descenso del IPC GENERAL consecuencia del buen comportamiento de la electricidad y el equilibrio de los carburantes, según el Gobierno.

Sin embargo, el IPC del arriba Titular tiene una doble lectura: El efecto Ucrania, aplicado en Tasa Interanual.

De carácter estadístico, surge de la comparación con datos de valor distinto.

¿Qué significa? Tras la invasión por Rusia, los precios subieron en forma disparatada. Por ejemplo, al comparar marzo 2023 con mismo mes 2022, se tomaba como referencia el interanual, (febrero 2022), pero, posteriormente, los precios no subieron tanto como entonces, y, consecuentemente hay que seguir un método. Es decir, evaluar los precios, con los mismos del año anterior.

En realidad, el IPC de marzo 2023 ascendió un 0.4% en relación con febrero del mismo año.

No obstante, debemos fijar nuestra fiabilidad en el SUBYACENTE, que es el más aceptado por los sectores económicos.

Según el Gobierno, destaca, en el sector de la Electricidad, el amplio número de jornadas en que las tarifas de las eléctricas han cotizado a precios bajos, inclusive de céntimos, suponemos debido a la aplicación de la excepción ibérica. Cierto.

Hablábamos jornadas atrás de la influencia de las oscilaciones de precios energéticos, pero llega la hora de pensar más en serio que el comportamiento de la inflación cada vez va teniendo menos que ver con lo que sucede allende nuestras fronteras.

Me refiero, a que habrá que pensar seriamente en vigilar ciertos beneficios empresariales, pues como ha manifestado el BdE, puede existir una cierta propensión en las empresas para dar traslado al bolsillo de los consumidores algunos costes extras que sirvan para robustecer sus cuentas.

Por otro lado, ya conocen que este su servidor tiene por costumbre “patear”, mercados; super y establecimientos de todas clases de especialidades que afecten a la cesta de la compra.

La austeridad a la que venimos obligados nos obliga a ello, y a conversar con clientes y parroquianos a fin a que nos proporcionen información de primera mano.

Me retiré a una ciudad de unos 20.000 habitantes, dónde al final casi todos más o menos nos conocemos, estableciéndose relaciones de confianza.

Una anécdota, llena de veracidad. Llevo un par de meses intentando comprar a mi charcutero habitual, huesos de jamón de cierta calidad, los cuales me auxilian de sobremanera, “los calditos de invierno”. Imposible. Han dejado de existir, ya que los parroquianos han dejado de consumir jamón, y una paletilla del mismo, era rara la semana en que no había huesos de jamón accesibles.

Mis observaciones y charlas con quién ya te conoce personalmente y sabe a lo que te dedicas, facilita que abran por propia iniciativa la bolsa de la compra y compruebes limitaciones en calidad y cantidad.

Respecto a la fruta, sólo las naranjas a 1.50 euros Kg. se venden algo. El resto  aun en temporada, se limita a una presencia simbólica en las tiendas. Es más, me cuentan los empleados, que cada día son más numerosas las personas que se interesan por la fruta estropeada, la cual no llega a existir.

En las pescaderías, ni entro, pues tengo el síndrome del boquerón, de tanto como ingiero.

La carne de ternera ni les cuento, porcino a espuertas y viva el colesterol.

Finalmente, algunas reponedoras de confianza, fuera de horario, reciben órdenes de cambiar algunos precios una vez por semana.

Me cuentan que las costumbres de compra de líquidos de limpieza para hogares han cambiado: el más económico, pero con el mayor buen olor posible.

¡Además,  tengo la sensación de que la gente tiene miedo! de la situación que nos toca vivir, y duda de que haya un mañana políticamente distinto, si no peor.

No me canso de repetir que mientras no exista una regeneración política, no tendremos solución.

Servidor, fiel a sus creencias partidistas, no votará a la espera de un milagro, y eso que me consideran agnóstico.

 

Puede visualizar el artículo publicado en el siguiente enlace:

https://www.elperiodic.com/opinion/medio-ambiente-sin-confinar/sensacion-alivio-reduccion-general_8831