Modificados Obras Públicas

Lacontradejaén - ♦La autovía del olivar sobrevive a todos los gobiernos

Aunque no nos sirva de consuelo a los maltrechos andaluces, esta situación viene a ser “el pan nuestro de cada día” en los Presupuestos Nacionales. Si a las conocidas crisis de varios tipos que atraviesa nuestro país, le añadimos la agudísima que atraviesa permanentemente el Ministerio de Fomento, tendríamos ante nuestras narices a la mismísima institución, convertida en el árido desierto de Atacama.

Recuérdese a los distintos y últimos responsables de la Cartera, apagando fuegos por doquier, los largos peregrinajes, recorriendo comunidades y capitales de Provincias, “vendiendo material fungible” (hoy se piensa una cosa, y mañana se convierte en otra) y, por ello, se alcanzan acuerdos y se lanzan noticias de todo tipo antes de que se aproximen las elecciones.

Si no, que se lo digan a los sevillanos con su controvertida S-40, sobre la cual también escribí en un medio sevillano, en la preagonía política del partido en el gobierno, palabras que resultaron proféticas. Y de verdad me molesta que se me tome por tal, porque al final te acaban llamando “gafe”, pero es que uno lleva viendo durante décadas muchas cosas en el tema de la construcción y sus presupuestos. Y es que 170 kilómetros de autopista son muchos, y se convierte en una señora estupenda autopista, acechada por convenios, acuerdos y contratos.

Me da miedo el ejemplo del tranvía de Jaén por el hecho; no por la participación del ente, en el aun humeante “affaire” del tranvía, sobre el cual este autor escribió en un medio de la capital acerca del demoledor Informe del Tribunal de Cuentas.

En el trazado que nos ocupa, probablemente no ocurrirá otra cosa distinta a los hechos que suceden en el resto de España, y hartamente criticados por el Consejo de Estado y su Abogacía:
-Deficiencias e inexactitudes en el Proyecto de Ejecución.
-Bajas temerarias o “rabiosas”.
-Inadmisibles reclamaciones económicas a posteriori.

Suele ocurrir, desconozco si es este el caso, pero se licitan proyectos incompletos, en los cuales no se han tenido en cuenta detalles esenciales, que imposibilitan su ejecución y obligan prácticamente a realizar otro nuevo. Otra opción es que el proyecto se reinvente a sí mismo y se obtenga otra solución más económica. En cualquier caso, hay que sumar gastos por todos estos conceptos.

Luego vienen las posibles “bajas rabiosas temerarias”. Son practicadas por algunas empresas (en un 20-30% de rebaja) o más, conocedoras de las eventuales deficiencias o inexactitudes del proyecto ya licitado, y con el viejo axioma de “ya nos recuperaremos con posterioridad”.

Llegado el momento suspenden la obra reclamando aumento del presupuesto inicial, y volvemos a empezar. A todo esto se tienen que enfrentar las administraciones públicas llegado el momento, por lo que no existen Presupuestos que puedan sostenerse.

Finalmente, nos encontramos con una nueva Ley de Contratos (2018) farragosa y confusa que no acaba de poner algunas cosas en claro. Qué resulta de todo ello, pues una pésima reputación en Europa, que nos acompaña desde hace bastante tiempo, aunque otros Estados Miembros tampoco son ajenos a estas u otro tipo de veleidades.

Y es que no podemos disimular que fuimos pioneros en el arte de los modificados de obra, cuando construimos el acueducto de Segovia con un probable sobreprecio de un 800%.

Jesús Antonio Rodríguez Morilla

Doctor en Derecho

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