Uno de los indicadores que expresan el grado de atención de los Jefes de Gobiernos a sus áreas de gobernanza, suelen ser el número de visitas que realizan a las mismas, y, lógicamente, su productividad.
En los últimos diez años, dichos Estadista han visitado Ceuta y Melilla en tres ocasiones en total, todas ellas realizadas por el actual presidente Pedro Sánchez, (2021, 2022 y 2023).
El presidente anterior, Mariano Rajoy (presidente entre 2011 y 2018, por lo que su mandato abarca parte de la última década), no realizó visitas oficiales a Ceuta ni a Melilla como Jefe de Gobierno.
No es de extrañar que, ante tal situación y la posible consideración como “ciudades periféricas”, en la imaginación y planificación peninsular y estatal, la sociedad haya optado por una baja participación (56-57 por ciento) durante las dos últimas Elecciones en justa reciprocidad.
En cuanto a visitas previas de la Corona (Es el Gobierno quién las programa.
Don Juan Carlos y doña Sofía: Realizaron su primera y única visita a Ceuta en 2007.
Futuras visitas Felipe VI: Ha manifestado su interés en visitar ambas ciudades.
LIGERO EXÁMEN RETROSPECTIVO
Probablemente se haya perdido la cuenta del número de ocasiones en las que se han reclamado encarecidamente soluciones destinadas a mejorar la situación que padecen ambas ciudades sobre su aislamiento y dependencias:
-Costes Comunicaciones con la Península que faciliten las situaciones de incomunicación y subordinación, Son limitadas y costosas, y ello dificulta la diversificación económica y fomenta el sentimiento de abandono.
– El punto anterior llevaría consigo dificultades anejas sobre otros horizontes de reconversión económica.
– Presión Migratoria, con limitaciones ante entradas irregulares hacia Europa, agravadas por la consideración del espacio Schengen
-Mejora Infraestructuras. El actual estado fomenta el propio sentimiento de abandono.
RECURRENTES FACTORES SOCIOECONÓMICOS
Las dos ciudades viven en gran medida de su estatus fiscal especial, del comercio fronterizo, con los consabidos “baji.bajos”, no “alti. bajos” con Marruecos, así como con y el sector público.
– Mayor atención estatal: El Gobierno español está destinando fondos para modernización portuaria, digitalización y conectividad marítima.
Sin embargo, el ritmo es lento y el sentimiento de marginación persiste.
– Dependencia del Estado: El empleo público representa más del 40% de la ocupación.
Los incentivos fiscales atraen algo de inversión, pero no compensan la desconexión con la Península.
Tensión social: La multiculturalidad —con comunidades cristiana, musulmana, judía e hindú— es una riqueza, pero también un desafío en materia de integración y cohesión.
PERSPECTIVAS A CORTO PLAZO: SUTURAR HERIDAS DE INDEFERENCIAS
Ambas ciudades llevan décadas soportando el peso de la geografía y la ligereza de las políticas de España, pero subsisten resilientes tal y como si se trataran de apéndices incómodos instalados en los anaqueles del olvido-
Basta descender la vista hacia el Estrecho, hacia una sociedad que no se resigna a vivir entre dos mundos para comprender que las decisiones estratégicas de Madrid —y, en menor medida, de Bruselas— han sido parciales, posiblemente opuestas y sin visión de futuro ante un potencial desperdiciado.
CONCLUSIÓN
No basta con enviar fondos europeos o promesas de modernización, sino de que los próximos Gobiernos comiencen de una vez a integrar la conectividad, desarrollo sostenible y presencia real del Estado más allá de lo militar o administrativo. Constituyen un activo geopolítico y humano que exige una visión mediterránea del Siglo XXI, ante una frontera que sigue siendo patria, aunque a veces la patria parezca no recordarlo.
Jesús Antonio Rodríguez Morilla
Doctor en Derecho
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