¿Deberán recurrir los barceloneses al Flautista de Hamelín? by JARM | Modificados Obras Públicas JESÚS ANTONIO RODRÍGUEZ MORILLA jueves, Ago 11, 2022 Plaza Cataluña y aledaños invadidos por ratas Leemos en distintos medios las vicisitudes que dichos ciudadanos vienen obligados a soportar y sortear la invasión de ratas en un número superior a las 250.000, además de otras experiencias pandémicas. Según vecinos de la Zona, nunca se había contemplado tamaña proliferación de roedores por tan emblemáticos lugares, terrazas de bares y restaurantes, haciendo insostenible la situación, al igual que hace poco tiempo en Nueva York, junto a la adopción de medidas extraordinarias, cuando en 2014, la Gran Manzana recibió el calificativo de la peor ciudad del mundo o Pestépolis. Tal situación, haría recordar un escenario respecto, aquel pasaje de Esteban Echeverría, introductor del Romanticismo en Argentina, perteneciente a la denominada Generación del 37, formada en Francia, trasladada por el arte de la imaginación, al lugar de los hechos: Cuentan, qué al oírse desaforados gritos de las últimas ratas que agonizaban de hambre en sus cuevas, se reanimaron, tras oír la noticia de que los turistas habían vuelto a la ciudad y con ellos, los restos que dejan tras de sí, echando a correr tentadas al conocer que volvían a aquellos lugares de Barcelona, la acostumbrada alegría y algazara, precursoras de la abundancia… España dispone en muchas ciudades de abundancia de este especializado sector, tanto en cantidad como en tamaños, comentándose de antaño, desde el punto de vista metafórico, que en algún Consistorio que otro, de la Edad Media, indagaba en la fábula de los Hermanos Grimm, la fórmula para que millares de ratas perecieran en los ríos cercanos a las ciudades alemanas infectadas en los años 1200-1300. Y es que la famosa fábula de EL FLAUTISTA DE HAMELÍN, refiere, que los habitantes de un pueblo alemán pactaron con un desconocido visitante, que éste, mediante entonación de su flauta mágica, conduciría a los miles de roedores existentes, hasta el río Weser, donde perecerían ahogados. Pero surgió la mala fe habitual dentro de la condición humana en los habitantes del pueblo y viéndose salvados de la terrible plaga, decidieron no cumplir con su parte en el pacto acordado, es decir, pagar una recompensa al desconocido visitante. Este, ni corto ni perezoso, comenzó de nuevo a entonar con su flauta dulces melodías atrayendo a centenares de niños, los cuales siguieron al flautista al compás de la música hasta el interior de una cueva donde posiblemente escenificaría la extraña venganza de la fábula, consistente en la desaparición de los mismos. Moraleja: La avaricia y el egoísmo solo traen terribles consecuencias. Jesús Antonio Rodríguez Morilla Articulista en Revista Rambla | Web | Otros artículos del autor Doctor en Derecho por la U.C.M. (Cum Laude). Licenciado en Derecho. Licenciado en Ciencias Políticas. Caballero de Mérito de la Real Orden (Noruega).